Después de recorre unas cuantas promociones de viviendas públicas, veo que todas padecen el mismo problema. ¿Qué sucede si un ciudadano a la hora de comer se olvidó de comprar el pan?

¿No es hora de superficiar y numerar el número de habitantes de las urbanizaciones o barrios o áreas de influencia del entorno próximo, o sea dar a conocer la densidad de población y ofrecer la posibilidad del desarrollo terciario en las zonas ? Pienso que además de mejorar los servicios de la vida cotidiana a sus habitantes, se conseguiría rentabilizar el coste del suelo urbano.

El sector terciario que iría desde: la panadería, supermercado, lavandería, papelería hasta locales de pequeños artesanos y despachos de liberales. ¡Llegaría la vida al barrio!, pero además permitiría cohesionar diferentes ciudadanos: profesionales habitantes del barrio con diferentes profesionales que no viven en el barrio, esto tendría una doble vertiente de comunicación que iría a favor de la demanda y valoración de muchos profesionales que hoy día, por falta de conocimiento de su existencia, no tienen ninguna o escasas oportunidades laborales.

Por supuesto que el mundo laboral cada vez más tiene una dimensión global; pero jamás se debe olvidar o abandonar la dimensión local.

¿Qué problema hay para abrir al público locales de planta baja que no son vivideros?, ¿Son garajes? La ciudad es del coche o de las personas. Realmente… ¿el coche nos devora los mejores espacios para el desarrollo del sector terciario?

¿Para que se utilizan estos espacios urbanizados, con alto coste y acabados de primera? ¿Para encontrarse con la soledad?. ¡Demasiado dinero!

Hay dinero, lo que no hay; es voluntad.