Se que lo repito pero, un parque urbano debe ser un espacio público para la relación social, un lugar de encuentro para todos los ciudadanos y en especial para los que viven en el borde del parque; por ello creo que hay que prestar mucha atención al diseño de todas las entradas al parque y, no hay nada que pueda justificar los accesos totalmente incorrectos y que no permiten la accesibilidad a todos incluidos los disminuidos.

Imagenes de los accesos desde la parte alta del parque

Nota anecdótica: el trazado de la escalera nunca debe sobresalir del plano vegetal

Imagenes de los accesos de la parte baja del parque

Una vez que se acceda a éste, debe ofrecer diferentes espacios donde se acoja las más variadas actividades lúdicas de los ciudadanos.

Viendo el parque de Belvis empiezo a pensar; que quizás habría que empezar a definir lo que son actividades lúdicas. Picnic, jugar al fútbol- fuera de espacio especifico-, pasear al perro – pasean muchos perros- lo son; pero muchas más y, sobre todo, habría que contar con muchas más que potenciaran la cohesión de los ciudadanos: Bar-restaurante, biblioteca-hemeroteca pública, huertos de seguimiento barrial, guardería más centro de día de ancianos etc.

Se tiene miedo a construir dentro de un parque y no me extraña nada. En Santiago de Compostela hay una política urbanística que va desde: a traer los profesional con más nombre que nadie, sin limite económico y de diseño que salven la ciudad, o sino la colocación de un corsé, económico y de diseño, para los profesionales locales.

Es una pena porque creo que la salvación del parque de Belvis se inicia con una reflexión profunda de como funciona y termina con propuestas arquitectónicas concretas integradas. Si no es así Belvis sera siempre “un mirador privilegiado” para observar una de las bellezas de Santiago: que es el dialogo entre escalas ( gigante y pequeña ) de las viejas arquitecturas pero también la lección mal aprendida de nuestra propia historia urbanística….. y para ello montamos un parque.